sábado, 2 de junio de 2012

La muralla de Troya

-¡Oh! Tal majestuosa estructura jamás creada - Aclamaba un anciano que recorría la zona - ¡Con sus alturas que cortan los cielos!¡Con su forma, cuya rigidez se abre paso través del seno de la madre tierra! - Prosiguió su charla mientras las personas se congregaban a observar tal armazón con miedo y con esperanza - Sus piedras, colocadas cuidadosamente con respecto a la contigua, sus piedras, colocadas por la mano de quienes no podían elegir a su suerte, sus piedras, cuya forma no dependían sino de su lugar de colocación. Mis ojos cansados de recordar su alzamiento, sólo saben que hoy - sus ojos negros y puros se volvieron brillantes y las lágrimas le recorrían le rostro desconsolado - ¡Sólo saben que hoy! Su poder será lo que nos de la victoria y su debilidad la derrota. ¡Oh, muralla!¡Inexpugnable! Moriría con mis ojos clavados a ti, pues eres todo lo que había tenido nunca... - Terminó en un suspiro el anciano, uno de los jefes de obra de la muralla ; pero, finalmente, la locura había llegado a sus venas.

Horas, días¿Cuánto tiempo había pasado? Los romanos vencieron de una manera letal a los troyanos... su muralla... su honor... habían caído completamente en batalla... Ahora sólo quedaba aquella estructura engañada por un regalo que firmó su final. Los muros que compartían una historia, una alegría, una lágrima, estaba manchados con la sangre de los habitantes. No había vida, no había nada. Sólo quedaba aquella muralla inerte que recorría una ciudad fantasma.

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